La Escritura como Terapia Emocional

La Escritura como Terapia Emocional
¿Qué es terapéutico?
Según la RAE: “Conjunto de prácticas y conocimientos encaminados al tratamiento de dolencias”.
Si consideramos que un tratamiento tiene el objetivo de “curar”, también usamos la palabra “terapéutico” para hablar del bienestar que nos dan muchas actividades, como ir de compras, al cine, leer, hacer ejercicio, pintar, tejer, cantar; éstas nos permiten olvidar problemas emocionales cotidianos o posponer la resolución de los que cargamos de forma permanente, sin embargo el alivio es temporal.
Hablando de emociones y salud mental, terapéutico es cualquier actividad que promueva el acto de sentir y pensar a profundidad (reflexionar) es decir, pensar en el mayor número de personas, cosas y circunstancias que rodean a nuestro problema, no para olvidar y dejar de sufrir por un rato ni posponer el malestar, sino lograr bienestar emocional de forma permanente.
Las conversaciones terapéuticas -psicoterapia- son una forma de reflexionar, pues hablamos con alguien más abiertamente sobre lo que sentimos y pensamos para encontrar diferentes y mejores respuestas que den solución a nuestros problemas y así poder vivir la vida de una manera más sana y grata.
La escritura terapéutica es otra alternativa para reflexionar. Escribiendo hablamos con el mundo que nos rodea, podemos gritar, llorar y/o disfrutar intensamente las emociones que nos abruman, sin temor a equivocarnos y sin temor a ser juzgados (solo nosotros estamos ahí, frente a las hojas y la pluma, o la computadora). Podemos darnos el tiempo necesario para elegir las palabras justas que describan nuestras congojas; elegir las palabras justas que nos hagan sentir mejor.
Pero ahí no termina. Leerse es mirarse cosa que a veces resulta difícil cuando lo que sentimos lo expresamos hablando. Esas palabras se las lleva el tiempo y sólo podemos recordar-nos por fracciones.
Cuando lees lo que escribes, todo está intacto ¿no es maravilloso?
Ésta es la razón por la que promuevo el Taller de Escritura Terapéutica cuyo fin, es darte herramientas para que practiques la escritura sin lastimarte, subestimarte, devaluarte. El taller te da ideas de como ser el mejor protagonista de tu historia, el más valioso, el juez más benevolente, el más querido por ti mism@.
MP. Alicia Ayora Talavera
Octubre 2017

Nosotros ¿sin los otros?

Nosotros ¿sin los otros?

Los seres humanos estamos en continua trasformación, entendiendo por ello que nuestras experiencias nos hacen “ser” en nuestro hacer cotidiano. Y para poder “ser”, necesitamos estar en relación con algo o alguien.

 

Vivimos en una mutua y constante respuesta con todo lo que nos rodea, así que las formas de relacionarse del ser humano con otro ser humano se definen en el hacer cotidiano, en el tú por tú. Todo comienza en ese lugarcito, metafóricamente hablando, donde dos personas coinciden, o bien, dos voluntades.

 

Hay muchas cosas que únicamente adquieren sentido con la existencia del otro, sea la identidad, libertad, dignidad, la obligación, el derecho, el poder, la desigualdad. ¿Importa el éxito si no existieran los otros? ¿el fracaso? Así que muy posiblemente sin los otros la misma razón de existir no tendría sentido.

 

Solo puedo reconocerme como un ser humano digno y libre a partir del otro; el valor de mis actos dependen del valor de los actos del otro, hecho que impide reconocernos en nuestra calidad de criaturas venidas por la misma suerte al mundo, y en donde las diferencias han sido marcadas por el hombre y no por la vida en sí, para ella seguiremos siendo una especie más de seres vivos.

 

El reconocimiento en las relaciones del tú por tú es un punto de partida que encausa toda relación humana, y por ende lo que nos hace ser quien somos en cada relación. Acostumbrados a juzgarnos por nuestras acciones (si somos buenos, malos, amables, hipócritas etc…) olvidamos hacer sentir al otro que independientemente de ello, ¡existe!, que importa, que vale su sufrimiento, su gozo, su congoja, su amor, su opinión, su voluntad, su libertad, igual que la de uno mismo. En muchas ocasiones solo ante la desgracia es cuando uno se da cuenta que pertenecemos a la misma especie, que somos igual de vulnerables  y estamos atrapados por las mismas cosas. 

¿Qué sucede cuando no nos reconocemos? Nos anulamos. El reconocer es un punto de partida en nuestra relación con la vida y el mundo, el anular también. Si necesito que los demás sepan que existo, me haré visible al momento de reconocerlos. 

 

El reconocimiento en la relación del tú por tú, es fundamental para nuestra forma de vivir y de estar gozosos en el mundo.

Escrito por Alicia Ayora Talavera

 

 

 

El Absurdo

El Absurdo

Y alguien dijo por ahí “Conócete a ti mismo”

¿Acaso no es absurdo?

¡No sé quién soy ni quiero saberlo! ¿Cómo para qué? Yo solo sé que siempre me voy conociendo y que durante siempre soy a veces de muchas formas. Imagino que el día que sepa quién soy me convertiré en una sola cosa y eso se me hace muy aburrido, restringido, confinante. Suena mejor soy lo que necesito ser, con quien necesito ser, en donde necesito ser. Eso sí, siempre soy yo misma, lo que requiere de toda mi seriedad…y responsabilidad.

 

No ha sido algo que haya cruzado por mi cabeza el “buscar para conocerme” ¡Como si pudiera resumirme en una palabra, en una frase, en una definición, una personalidad determinada! Como si el “ser” fuera algo objetivable o determinable (eso cree la psiquiatría y la psicología- aunque no todos los psiquiatras ni todos los psicólogos). El problema quizá no es buscarse, si no encontrarse (conocerse), peor: que te encuentren, y mucho peor aún: que te sientas encontrado cuando se cae en las garras de un diagnóstico de personalidad de revista, de consultorio o del amigo (o enemigo). Un diagnóstico que se ajusta desde el poder ser lo más extraordinario hasta lo más atroz. Mientras en algunas ramas del saber se persiste en encontrar la respuesta objetiva, en otras, el hombre ha venido preguntándose ¿quién soy? si, aquellos que disfrutan invertir su tiempo en reflexionar sobre el asunto y por respuesta encuentran que lo único que se puede conocer de uno mismo, es saber que las situaciones son las que nos determinan.

 

Conocerse como algo determinado de cierta forma nos quita la libertad de ser de otra manera cuando lo necesitemos, desde unos mulas hasta santos.

 

En este sentido del “conocer”, conocer al otro se vuelve complicado. Ellos también necesitan ser, lo que necesitan ser, con quién necesitan, y dónde lo necesitan. Eso no otorga a nadie derecho alguno sobre el otro. En la libertad de ser como se es con el otro, el otro lo es con uno. La libertad de ser se basa en el respeto mutuo; respeto a la libertad propia y ajena.

 

Por ahí leí, que el amor es entregar libertad y de eso estoy absolutamente segura. Estar conscientes de que podemos ser cualquier cosa es un buen punto para elegir responsablemente entrar, dejar, participar o no en circunstancias que vulneran las relaciones humanas.

Escrito por Alicia Ayora Talavera

Más allá de las Adicciones

Más allá de las Adicciones

Cuando buscamos ayuda es porque hemos intentado todo lo que está en nuestras manos, en nuestro entendimiento o sentido de las cosas sin lograr el resultado que se desea. En algún sentido estas cosas que se intentan forman parte de un diálogo consigo mismo, una auto indagación. Ambas cosas dentro de los límites de lo que conocemos, dentro del límite de nuestro propio lenguaje. Sin embargo ¿que tanto podemos movernos de lugar, cuando los diálogos que podemos tener no nos permiten encontrar una salida y solo se convierte en una diálogo circular?

Las conversaciones dialógicas por llamarlas de alguna manera, nos ofrecen nuevos significados, solo eso, significados; algunas cosas toman sentido en el lenguaje y parece ser que la mayoría en la vida cotidiana. No es lo mismo sentarme y escuchar lo que debo hacer -por lo general el deber hacer parte de ideas preconcebidas sobre lo bueno o malo, correcto o incorrecto, normal o anormal- que participar en la conversación y construir o crear con el otro mis propias concepciones de las cosas. Por eso creo en la importancia de las conversaciones.

¿Qué implica para mi y para ti una conversación que permita movernos de lugar?

El lugar desde donde tipos de programas o tratamientos para las adicciones que aún prevalecen miran a la persona que acude por ayuda, me lleva a pensar en el mito del conocimiento y todo lo que ha implicado socialmente en la concepción del déficit. Creo que la idea de decirle al cliente que es mejor que escuche y no opine, permea en todos  los ámbitos, desde la escuela, los gobiernos, las instituciones (desde la familia hasta la religión) como si el conocimiento fuera todo aquello que ya está escrito. Nos han hecho creer que siempre  hay alguien superior con el poder del conocimiento para sanar, instruir, dirigir, supervisar, enseñar, educar. Ser educados  bajo ésta idea ¿acaso permite a las personas pensar por cuenta propia, fortalecer sus propios recursos, así como poder tener una idea más firme de su sentido del yo?

 

 Pienso en todos los discursos que nos rodean, a los que nos aferramos sin cuestionar, por la sencilla razón de que hemos sido educados para ello, para no pensar por cuenta propia. Discursos que  pueden coincidir o no con la realidad individual, unos que pesan más sobre otros como el discurso médico o el religioso y que pasan a formar parte del discurso social, en los cuales las posibilidades que existen parten de dos lugares: de lo bueno/malo o de lo sano/insano. Pero hay un discurso más grande que abraza a estos dos y es el discurso del déficit. ¿De donde se origina la dificultad de los individuos para poder escuchar su propio discurso? ¿Que tanto el poder construir un discurso propio me permite tener más claro un margen de acción, y estar más consciente de que tengo la posibilidad de moverme hacia donde tenga que ir? Me refiero con esto a la libertad de elección y a la consciencia de la responsabilidad individual que esto conlleva.

En lo personal una pregunta que suelo ofrecer es: si tuvieras la oportunidad de elegir lo más libremente posible ¿Qué es lo que tu deseas? Para mi responder esta pregunta es descubrir un halo de luz en una ranura o entre abrir una puerta y poder mirar algo desconocido y posible.

Que tanto algunos modelos de tratamiento que se ofrecen están diseñados de tal forma que no contribuyen al auto reconocimiento de las habilidades personales si no que nos vuelven a enmarcar en un sistema o  discurso que devora nuestra capacidad de discernimiento, capacidad de elección. Es como un círculo vicioso, precisamente por que desde donde parte su marco de trabajo no hay lugar para la conversación o para el diálogo. No hay lugar para la voz del “desorientado, del enfermo” quien si no ha sabido elegir el camino correcto tampoco puede saber que es lo que debe hacer. Y el experto entonces es quien sabe lo que esta bien y mal, y quien determina lo que se debe hacer para regresar al buen camino; también el profesional en estos casos define que es el bienestar. ¿Qué tan frecuente se enfoca un proceso de recuperación en remarcar, medir y buscar el origen de lo que se sale de lo normal o correcto y se deja de mirar los recursos y habilidades personales, la libertad de elección, el momento presente, sus circunstancias y relaciones de los individuos?

Como “profesional”, hacer preguntas que no estén planteadas para recibir respuestas determinadas, si no pensadas a partir del deseo de conocer y entender, me permite que fluyan las conversaciones hacia un lugar donde la persona pueda ir construyendo su propio camino de resolución.

Escrito por Alicia Ayora Talavera

Imágen de National Geographic

“LAS REGLAS DE LA VIDA” Y REDES SOCIALES

“LAS REGLAS DE LA VIDA” Y REDES SOCIALES

Por Alicia Ayora Talavera / @aatalavera69

Durante las últimas semanas una serie de circunstancias y lo que leo en las redes sociales -convertidas en refraneros- me hicieron pensar en la forma tan frecuente de recurrir a frases que pasan de boca en boca como el patrón cruzado al caminar: movimiento filogenético de los seres vivos perfectamente coordinado haciendo posible el desplazamiento corporal; no requiere de reflexión o aprendizaje previo.

Con esa misma filogenia se recurre a frases simples para “motivar” a alguien, se dan por sentado, se creen regla, se aprenden sin cuestionar ni mucho menos imaginar lo nocivo que resulta en ocasiones el tragarlas en el sentido literal.

Sin importar de donde surgen son aplicadas como reglas generales muy bien digeridas, pegan con tal fuerza que en muchas ocasiones su incumplimiento acarrea miedos, inseguridades, frustraciones, culpas y una serie de tormentos mentales, de esos que le dan de comer a la psicología, psiquiatría y medicina.

El que quiere puede… Ojalá y el querer bastara. A veces voluntad y perseverancia es lo que sobra, pero si las circunstancias no ayudan puede resultar verdaderamente difícil alcanzar esa “verdad” y en otras simplemente imposible. Se olvida o ignora que la vida está formada por infinidad de condiciones, eventualidades, accidentes o como se prefiera llamar; saberlo o recordarlo puede hacernos la búsqueda más relajada.

¡Tengo que ser alguien en la vida! Comúnmente esto se vincula a lo profesional, al reconocimiento social, a la trascendencia, al éxito. Si aplicara la regla en todos los casos, la lista de “fracasados” o “Los nadie” (como diría Galeano) sería interminable. También ser alguien en la vida puede ser tener lo necesario para vivir tranquilo y lo profesional o el éxito, son un plus.

El que calla otorga… Pareciera que cuando alguien no tiene nada que decir es por falta de argumentos. Si aplicara la regla habría entonces discusiones interminables. A veces uno se calla porque no hay manera de entablar un diálogo con la pared, en ocasiones se tienen argumentos pero las habilidades para expresarlas se tambalean.

¡Sé el mejor!  Esta es la forma idónea de estimular la competencia -a veces enfermiza, llena de rivalidades e inconformidades- en el mundo capitalista. Es una manera eficaz de aplicarle un cuatro a la tan mencionada autoestima. Tratar de ser el mejor es muchas veces desgastante sobre todo para aquellos que necesitan desarrollar habilidades (no siempre se logra) que otros traen por “default” y compiten por un mismo puesto además que “no siempre se está en igualdad de condiciones”

Pensar en “hacerlo mejor” en lugar de “ser el mejor” quizá haga la vida más relajada.

¡Cree en ti! Estar seguros de que somos capaces de lograr lo que nos proponemos. Creer en uno mismo depende como todo de una serie de circunstancias, entre ellas la relación con los otros. Ojalá y fuera cuestión de repetírselo incansablemente, aún de que el mundo se empeñe en convencerte de lo contrario (nos comparan, miden, etiquetan, discriminan). Entender que nuestra forma de pensar parte de medidas de valor (bueno, malo, bonito, feo, correcto, incorrecto, normal, anormal) no está al alcance de todos.

Y así podríamos hacer una lista interminable sobre infinidad de temas.

Ahora cuando estoy en mi papel de Constantine (thriller de acción dirigido por Francis Lawrence protagonizada por Keanu Reeves) luchando con la gente contra sus demonios en mi consultorio o fuera de éste, pienso si lo que digo no es el choro que todos repetimos, me doy permiso de dudar. Todo es cuestionable. Podrá sonar muy aventurado, pero no creo en nada como verdad última (hablando de frases), pero si en todo como posible.